Martes, 21 de abril
Viedma/Patagones

Un adiós con fe y esperanza: Viedma despide al Papa Francisco en una misa multitudinaria

El obispo evitó discursos grandilocuentes y optó por gestos simbólicos: pidió un minuto de silencio para escuchar "el rumor de Dios en lo simple" e invitó a los presentes a abrazar al de al lado

La Catedral de Viedma se vistió de luto y solemnidad este lunes al albergar una misa en honor al fallecido Papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano, cuyo legado de humildad y compromiso con los más vulnerables congregó a una diversidad de rostros: creyentes, curiosos y aquellos que, sin ser practicantes, encontraron en él un faro de humanidad.

Bajo la conducción del obispo Esteban Laxague, la ceremonia trascendió el ritual religioso para convertirse en un espacio de reflexión colectiva. "Hoy no lloramos una muerte, sino que celebramos una vida que nos enseñó a mirar con los ojos del corazón", afirmó Laxague, cuya homilía mezcló anécdotas cotidianas con pasajes bíblicos, resonando especialmente en un público que coreaba amén entre lágrimas.

A diferencia de los homenajes tradicionales, esta misa destacó por su tono íntimo, casi conversado, como si el propio Francisco —siempre reacio a los formalismos— hubiera inspirado el ambiente. El obispo evitó discursos grandilocuentes y optó por gestos simbólicos: pidió un minuto de silencio para escuchar "el rumor de Dios en lo simple" e invitó a los presentes a abrazar al de al lado, replicando el estilo cercano del Papa.

"Nos dejó un manual de vida en acciones, no en palabras: cuando lavó los pies a reclusos, cuando abrazó a enfermos de sida, cuando reprendió a curas de escritorio", recordó Laxague, mientras imágenes proyectadas mostraban al Pontífice sonriendo en las villas miseria.

La Iglesia que Francisco soñó
Entre los asistentes, el diálogo espontáneo revelaba el impacto trasversal del líder religioso. "Era como un abuelo sabio que te hacerte sentir importante aunque fueras un don nadie", compartió Marta, una vendedora ambulante. Junto a ella, un joven con piercings añadió: "No voy a misa, pero él me hizo creer que la fe no era solo para los perfectos".                                                                                                                                                         La ceremonia cerró con una ovación al mencionar la famosa frase del Papa —"¡Hagan lío!"—, convertida ahora en consigna para sus seguidores. Mientras las campanas doblaban, el obispo concluyó: "Francisco no se va. Queda en cada pan compartido, en cada mano tendida. El cielo puede esperar; aquí nos queda su revolución de ternura".

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