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En el Día del Maestro, cuando los saludos se multiplicaban en redes sociales y las escuelas se llenaban de flores y abrazos, en ESTESUR buscamos contar una historia distinta. Y fue entonces, como si la fecha misma guiara la elección, que todas las miradas y mensajes apuntaron hacia una mujer de Viedma cuya vida es hoy una lección en sí misma: Marcela Varas.
Marcela tiene 57 años y desde 1989 ha sido maestra, formadora de generaciones y vecina comprometida en el barrio San Martín. Pero la historia que hoy la convierte en símbolo trasciende las aulas. El 4 de marzo, un viaje familiar cambió todo: junto a su esposo Luis y su hija Shihara circulaban por la ruta nacional 3, a la altura de Hilario Ascasubi, cuando su Chevrolet Corsa dio varios tumbos. Los tres fueron trasladados de urgencia al hospital local y luego al Penna de Bahía Blanca. Entre ellos, Marcela fue quien llevó la peor parte: los médicos no sabían si superaría las primeras 24 horas.
Lo que vino después fue un torrente de fe y solidaridad. Hubo cadenas de oración, colectas para acompañar a la familia, mensajes desde distintos rincones de la ciudad y de sectores muy diversos. La comunidad que alguna vez recibió la ayuda de Marcela y los suyos, devolvía ahora ese respaldo multiplicado. Su nombre corría de boca en boca como el de alguien a quien había que sostener, porque su vida lo valía y porque ella siempre había estado allí cuando otros la necesitaban.
Los pronósticos eran duros. Incluso en el mejor de los escenarios, la recuperación sería lenta y con secuelas. Sin embargo, contra todo cálculo médico, septiembre la encuentra en pie, con el alta médica y de regreso en su hogar. Una recuperación que parece rozar lo milagroso y que emociona a quienes siguieron paso a paso su lucha.
En este 11 de septiembre, fecha en que se recuerda a cada docente que siembra futuro, Marcela ofrece otra clase, tal vez la más importante de todas: la de luchar por la vida cuando la adversidad parece más grande que las fuerzas. Su historia no es solo la de una maestra que volvió a casa. Es la de una mujer que, con su resistencia, enseñó que incluso en el borde de la oscuridad puede encontrarse la luz.
Una maestra, madre y vecina que, en medio del dolor, mostró que todavía le quedaba algo más por enseñar: que la vida puede ser reinventada cuando se elige no rendirse.






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