El intendente de Allen finalmente pidió la escupidera
Marcelo Román viajó a Viedma a recibir el bono petrolero y un patrullero para su localidad.
Marcelo Román y Alberto Weretilneck volvieron a mirarse a los ojos después de largos meses de tensión. En el medio, acusaciones cruzadas, desencuentros políticos y denuncias que hicieron tambalear la relación institucional entre Allen y el Gobierno provincial. Pero el jueves, ambos dirigentes entendieron que la política es, antes que nada, pragmatismo: Román firmó finalmente el convenio del bono petrolero para la construcción de la nueva terminal de ómnibus.
La firma ocurrió en un contexto peculiar, casi incómodo. El intendente allense, quien ha venido jugando una partida política turbulenta desde que rompió la alianza que lo llevó al poder en 2023, se vio obligado a sentarse nuevamente con el gobernador Weretilneck para recibir los fondos provinciales provenientes de la prórroga de las concesiones hidrocarburíferas. Son más de 233 millones de pesos destinados a concretar una obra postergada durante años, que promete mejorar la conectividad y los servicios de transporte de esa localidad del Alto Valle.
Román, líder de una gestión polémica y cuestionada por sectores opositores que lo acusan de ejercer violencia política mediante sus funcionarios y concejales, había sido hasta ahora el último en sumarse a este acuerdo provincial, intentando marcar distancia con la gestión Weretilneck. Su discurso había sido duro y confrontativo: acusó repetidamente al gobernador de "postergar a Allen por diferencias políticas".
Pero la política suele guardar cartas inesperadas. Y Weretilneck decidió, acaso estratégicamente, añadirle un condimento adicional a este acuerdo forzado. Durante la entrega de nuevos vehículos policiales, Allen recibió un patrullero y Román tuvo que aceptar las llaves de manos de una enemiga íntima: la legisladora radical Lorena Matzen, otrora aliada política fundamental para su triunfo electoral y hoy adversaria declarada.
Matzen y Román protagonizaron una escena cargada de simbolismo. Una entrega fría, seca, apenas cordial, que sintetizó en pocos segundos la ruptura definitiva de una alianza que parecía indestructible hace apenas dos años. Román había llegado al poder sostenido por la fuerza combinada de Matzen y Weretilneck, pero rápidamente giró hacia La Libertad Avanza, alineándose con Javier Milei y redefiniendo por completo su tablero político.
La imagen final del acto dejó un sabor ambiguo: Román logró fondos para su ciudad, pero pagó un precio político alto. Weretilneck, veterano en estas lides, pareció satisfecho. En Allen, mientras tanto, la expectativa por una nueva terminal se mezcla con la certeza de que este capítulo no será el último en una trama política cada vez más compleja.






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