Sábado, 18 de abril
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El desperdicio de alimentos: una crisis silenciosa con impacto climático

Por Cristian Musi Saluj

Cada 29 de septiembre, Naciones Unidas nos recuerda un hecho alarmante: el desperdicio de alimentos no solo afecta la economía y la seguridad alimentaria, sino que también es un motor silencioso del cambio climático. En 2023, 1/3 de todo el alimento producido en el mundo fue desechado en viviendas, comercios y restaurantes a nivel global. Esta cifra, que asusta por su magnitud, oculta una realidad aún más preocupante: detrás de cada alimento desperdiciado, hay recursos naturales malgastados, desde el agua y la tierra hasta la energía.
Sin embargo, el problema no termina allí. Cuando los alimentos terminan en vertederos, al descomponerse en condiciones anaeróbicas (sin oxígeno), generan metano (CH₄), un gas de efecto invernadero hasta 25 veces más potente que el dióxido de carbono (CO₂) en su capacidad de atrapar calor en la atmósfera. Según datos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), aproximadamente el 8-10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero provienen del desperdicio de alimentos, y gran parte de esas emisiones se deben al metano generado por la descomposición de residuos orgánicos.
Este gas, aunque menos mencionado que el CO₂, juega un papel crítico en el desequilibrio atmosférico. Su vida en la atmósfera es más corta que la del CO₂, pero su capacidad de causar calentamiento es mucho mayor en el corto plazo. Esto significa que el metano contribuye de manera significativa al aumento de las temperaturas globales, impulsando fenómenos extremos como sequías, inundaciones y olas de calor, que afectan directamente a la producción de alimentos y generan un ciclo vicioso de escasez y desperdicio.
¡Los desperdicios de alimentos en todas sus formas globalmente alcanzan el billón de dólares! (unos u$s 680.000 millones en los países industrializados y otros u$s 310.000 millones en los países en desarrollo).
Significa que unos 1.300 millones de toneladas anuales de alimentos –un tercio de lo producido en el mundo para consumo humano– se pierden, se tiran o se desperdician.
Los niveles más altos de desperdicio se centran en las frutas, hortalizas y tubérculos. Las cifras son alarmantes: 40-50% de las frutas y hortalizas; 35 % del pescado; 30% de los cereales; 20% de oleaginosas; 20% de carne y productos lácteos.
La pérdida de alimentos en la cadena de producción y el desperdicio en hogares y restaurantes son manifestaciones visibles de una cultura de consumo que desprecia lo que no cumple con ciertos estándares de perfección. Frutas y verduras "feas" que no llegan a las gondolas, por ejemplo, representan un desperdicio no solo del alimento, sino también de todos los recursos empleados en su producción y transporte.
El Día Internacional de Concientización sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos es una oportunidad para reflexionar sobre nuestra responsabilidad individual y colectiva. Reducir el desperdicio no es solo una acción que beneficiará a nuestro bolsillo, sino que puede marcar una diferencia significativa en la lucha contra el cambio climático. Cambiar pequeños hábitos, como planificar nuestras compras, aprovechar los sobrantes de comida y apoyar iniciativas que rescatan alimentos, puede parecer insignificante a nivel personal, pero multiplicado por millones de personas, puede generar un impacto real.
Acá tenes 10 tips quepodés seguir en casa para reducir el desperdicio de alimentos:
•    Planifica tus comidas: Antes de ir al supermercado, hacé una lista de compras planificada con comidas que vas a preparar para evitar comprar más de lo que necesitas.
•    Almacena correctamente los alimentos: Aprendé a guardar frutas y verduras de forma adecuada para prolongar su frescura. Por ejemplo, algunas deben mantenerse en la heladera, otras a temperatura ambiente y otras se pueden congelar.
•    Utiliza los sobrantes: Las sobras pueden ser reutilizadas en nuevas recetas. Si cocinas más de lo que necesitas, congela porciones para otro día.
•    Primero en entrar, primero en salir: Organiza tu alacena y heladera siguiendo este principio. Coloca los productos más viejos al frente para consumirlos antes de que se echen a perder.
•    Congela alimentos antes de que se dañen: Si no vas a consumir un alimento a tiempo, congélalo para preservarlo y evitar que se desperdicie.
•    Aprovecha todas las partes del alimento: Usa los tallos, hojas y cáscaras de frutas y verduras en caldos, ensaladas o licuados. Muchas de estas partes tienen nutrientes valiosos.
•    Revisa las fechas de caducidad: Entiende la diferencia entre "consumir antes de" y "preferiblemente consumir antes de". Los productos con la segunda fecha pueden seguir siendo seguros después de la misma.
•    Compra productos “feos”: Las frutas y verduras con apariencia imperfecta son igual de nutritivas y suelen terminar desechadas por su estética. Opta por ellas para ayudar a reducir el desperdicio.
•    Hacé compostaje: Convierte los restos de comida en abono para tus plantas o jardín en lugar de tirarlos a la basura.
•    Sirve porciones más pequeñas: Es preferible servirse menos y repetir si aún tienes hambre que llenar el plato y no terminarlo.
En un mundo que lucha por mantener su temperatura bajo control, no podemos darnos el lujo de seguir desperdiciando alimentos. Al reducir el desperdicio, estamos también reduciendo emisiones de metano y protegiendo el planeta de un calentamiento más acelerado, garantizando así un futuro más sostenible para las generaciones venideras.
 

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