Las calles del domingo en Viedma y El Cóndor se llenaron de viento, espuma y celulares alzados. La sudestada, inesperada para muchos, se convirtió en la protagonista de la jornada: olas golpeando con furia, el río Negro desbordando su quietud habitual y el aire cargado con el rumor húmedo del sudeste. Fue un domingo con un fenómeno que, aunque sin consecuencias graves, dejó su huella. (Mirá la galería al final de la nota)
El evento ocurrió bajo una alerta amarilla del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), que anticipaba ráfagas de hasta 90 km/h. El viento sur-este, con su pulso típico, empujó el caudal del río Negro hacia la costa viedmense, provocando una crecida notable. A ese empuje se sumó el caudal extra desde los ríos Limay y Neuquén, alimentado por maniobras de apertura de represas aguas arriba.
La reacción oficial no se hizo esperar. Defensa Civil de Viedma actuó con rapidez para prevenir incidentes mayores. En la costanera, particularmente en la calle Saavedra, el agua logró colarse por una arteria y se decidió interrumpir el tránsito como medida de precaución. El río llegó hasta el muro de contención, pero no logró superarlo.
En El Cóndor, la escena se replicó con tonos similares: una marea altísima, fuerte oleaje y cierta inquietud entre vecinos y turistas, pero sin daños reportados. Desde el faro hasta la bajada de Picoto, el agua lamió la base de los acantilados, sin llegar a invadir las calles costeras.










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