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En una conferencia de prensa improvisada en la escalera 35 del barrio Guido, trabajadores del dispositivo ECOS “La Casita de Nehuen”, dependiente de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), manifestaron su “profunda preocupación y rechazo” tras la remoción de su coordinador histórico, Cristian Andraca. A ellos se sumaron empleados de otros dispositivos ECOS, familias, la junta vecinal, escuelas, jardines, el club barrial, la murga del barrio y representantes de la Universidad Nacional de Río Negro y la Universidad del Comahue.

La medida, adoptada el miércoles pasado sin previo aviso ni fundamentos técnicos, derivó en la presentación de un petitorio comunitario. Sin embargo, al día siguiente, las autoridades de la SENAF respondieron con un “no”, ratificando la decisión de reemplazar a Andraca, quien lideraba el espacio hace 10 años, por un nuevo coordinador y dos delegados.

“Nosotros no estamos peleando por un puesto de trabajo. A Cristian lo quieren correr de la coordinación por la función que cumple, cobra solo 100 mil pesos adicionales. No es una cuestión económica”, aclaró a este medio Romina Polizzi, trabajadora de “La Casita”. “Ser referente de estos espacios comunitarios se construye con el tiempo. Es muy difícil construir un equipo de trabajo, ser un referente barrial, tener vínculos con los chicos, las chicas y las familias. Eso se hace con tiempo, con afecto, con escucha y presencia. No es cualquier persona a quien quieren correr”, enfatizó.

Un espacio preventivo, no proteccional

Polizzi explicó que “La Casita” pertenece a la pata preventiva y promocional de derechos de la SENAF, diferenciándose de los espacios proteccionales que intervienen cuando ya hay una vulneración de derechos. “Trabajamos para que las familias no lleguen a esa situación”, detalló. Pese a su función territorial, denunció un sistemático abandono por parte de la nueva gestión: “Hace un año y medio que trabajamos, y con la nueva dirección de programas preventivos nunca se reunieron con nosotros, nunca se acercaron a ver lo que hacemos. El miércoles vino todo el equipo completo, pero solo a presentar una nueva coordinación”.

“Poner gente propia” vs. arraigo comunitario

Consultada sobre los motivos oficiales del desplazamiento, Polizzi señaló que la SENAF argumentó “cuestiones administrativas” y la necesidad de “dar un nuevo aire”. No obstante, en la práctica, la respuesta fue más cruda: “Les pregunté qué significaba eso, y me dijeron que quieren poner a su gente. Entonces yo les respondí: si quienes venimos trabajando acá hace más de diez años no somos ‘su gente’, ¿entonces quién es?”, cuestionó.

La trabajadora destacó que el propio Estado reconoció la calidad del trabajo del equipo y de Andraca, pero que igualmente decidieron removerlo. “Si vos reconocés que el espacio funciona, ¿por qué le querés sacar la cabeza? Un nuevo aire le dieron al empleado”, ironizó.

Respaldo comunitario y rechazo de las instituciones

La decisión generó una inmediata reacción en el territorio. Vecinos y vecinas firmaron una nota de respaldo, y diversas instituciones se pronunciaron: la Secretaría de Extensión y la carrera de Comunicación de la UNRN, la Universidad del Comahue, la Red de Adolescencia, docentes y directivos de dos jardines y una escuela, “El Rincón de los Abuelos”, la junta vecinal, el club del barrio y la murga barrial acompañaron el reclamo.

“Ayer fuimos a presentar el petitorio, hoy fuimos a buscar la respuesta y nos dijeron que no. Acá lo que no se está escuchando es a una comunidad entera, que le pone valor al trabajo que hacemos. No es un capricho”, sostuvo Polizzi.

“La cuestión social está compleja, pedimos que nos sentemos a trabajar”

Pese a la ratificación de la medida, los trabajadores no descartan continuar con acciones la próxima semana. “Nos duele mucho. Lo que pedimos es una justificación técnica, una evaluación real. Nosotros hemos entregado evaluaciones de nuestro trabajo, pero nunca obtuvimos respuesta”, afirmó Polizzi, quien advirtió que “la cuestión social está sumamente compleja” y que el equipo sólo desea “sentarse a trabajar y pensar en las problemáticas, no que nos vengan a desarmar”.

Finalmente, consultada si teme represalias por su exposición pública, la trabajadora respondió con honestidad: “Estoy hace muchos años en esta secretaría. Sé que va a ser muy difícil que yo pueda seguir en este espacio. ¿Por hablar? Sí, esperemos que no, pero sí, lo creo”.

“La Casita de Nehuen” atiende a más de 100 niños, niñas y adolescentes con actividades deportivas, culturales, musicales y acompañamiento familiar. “Los chicos estos días nos dijeron: ‘Ojalá todos los barrios tuvieran un lugar como La Casita’. Eso nos dicen ellos. Nosotros trabajamos con vínculos, con amor, con afecto, con ternura. Y eso se construye con el tiempo”, concluyó Polizzi.

Ante el silencio oficial, la comunidad del barrio Guido se prepara para defender un espacio que, advierten, “no quieren cerrar, sino vaciar de quienes lo construyeron”.


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Autor: Adminn25