Lo absolvieron de la pena pero lo declararon responsable penal por matar a un amigo de dos balazos y enterrarlo en el patio
El joven, que cumplió 18 años ayer, confesó el crimen tras cuatro meses de angustia. La fiscalía y la defensa acordaron la figura de “exceso de legítima defensa”. El juez le advirtió: “La vida te da una gran oportunidad”.
En una audiencia que conmocionó al ámbito judicial de la provincia, un joven de apenas 18 años fue declarado responsable penal por el delito de “homicidio agravado por el uso de arma de fuego en exceso de legítima defensa”, pero absuelto de toda pena en el marco de la Ley de Minoridad y la jurisprudencia provincial. El fallo, inédito por sus características, ocurrió luego de que el propio imputado confesara haber matado a su amigo, Roberto Norambuena (18), y haber enterrado su cuerpo en el patio de una vivienda del barrio Parque Independencia, donde permaneció sepultado durante cuatro meses.
El hecho ocurrió el 1 de febrero de 2025, tras una noche de excesos. Según la reconstrucción de la fiscal Yanina Estela Passarelli, junto a su par Sofía Lento, ambos jóvenes habían acordado una salida por mensajes. Se reunieron en la costanera viedmense, consumieron alcohol y drogas, y luego se dirigieron a la casa del barrio Parque Independencia, un sector de torres y casas bajas a metros de la transitada avenida Giachino.
En medio de una discusión, la víctima sacó un revólver y le apuntó al hoy imputado. Fue entonces cuando el adolescente logró golpearlo, arrebatarle el arma y efectuar tres disparos. Dos de los proyectiles impactaron en el cuerpo de Norambuena: uno en la cabeza y otro en el abdomen, provocándole la muerte de manera inmediata. En un estado de shock, el joven enterró el cuerpo en el patio, cubriéndolo con escombros.
Lo que parecía un crimen perfecto que quedaría en la impunidad –ya que nadie reclamó por la víctima– dio un giro inesperado cuatro meses después. El autor, que atravesaba graves episodios de angustia y alteraciones en su carácter, se presentó ante las autoridades de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), donde residía institucionalizado, y confesó: “Tengo algo que contar, no aguanto más”. Luego, ante su madre, dijo: “Maté a un transa”.
Esa confesión voluntaria fue el pilar central del juicio abreviado. La fiscal Passarelli destacó que “no desmerecemos la responsabilidad de quitar la vida a una persona”, pero ponderó que el joven colaboró activamente en la investigación, señaló el lugar exacto del entierro y permitió recuperar el cadáver. “Si se hubiera quedado en silencio, nunca se habría descubierto el hecho”, remarcó por su parte el defensor de Niñas, Niños y Adolescentes, Juan José Álvarez Costa.
El contexto de vulnerabilidad del agresor resultó determinante para la absolución de la pena. Los informes psicológicos lo ubicaron como una víctima de violencia familiar y social, con escasa supervisión adulta, abandono materno, padre privado de la libertad, adicciones y una temprana institucionalización por parte del Estado. Además, se valoraron su falta de antecedentes, su actual reinserción escolar, la revinculación con su madre y los informes favorables de resocialización emitidos por el equipo de “Libertad Asistida” de la SENAF.
Al cierre de la audiencia, el juez de Juicio Marcelo Chironi manifestó su satisfacción por la calidad de los informes y, dirigiéndose al joven en un clima de profundo silencio, le dijo: “Este es un día especial, pero no siempre se da. Tenés 18 años y debés tener conciencia de que los hechos tienen consecuencias. Tratá de evitar el encierro. Hoy la vida te da una gran oportunidad”. El joven recuperó su libertad y deberá continuar bajo un plan de acompañamiento educativo y laboral.
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