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El viento sur que azota Bahía Blanca suele ser frío, pero el que sopló este viernes en el ingreso a la ciudad traía consigo el calor del recuerdo y el peso de una emoción que no se apaga. A un año exacto de la trágica inundación que paralizó a la región, la comunidad se reunió para cumplir con una promesa pendiente: que Rubén Zalazar no sea solo un nombre en una noticia vieja.

Con la mirada puesta en un nuevo cartel, familiares, vecinos y bomberos descubrieron una placa en el lugar donde la memoria se niega a ser arrastrada por la corriente. Allí, sobre la Ruta Nacional 3, donde el agua todo lo desbordó aquella tarde del 7 de marzo de 2025, hoy se alza un humilde pero gigante recordatorio: "Rubén Zalazar, presente. Gracias por tu entrega".

Rubén tenía 43 años, era chofer y, como cada día, manejaba su vehículo cuando el cielo se desgajó sobre Bahía. En medio del caos y la desesperación, no dudó. Vio a las hermanitas Hecker, dos niñas atrapadas por la furia del agua, y decidió actuar. Intentó rescatarlas, desvió su camino, puso el pecho a la tormenta. Pero el agua no entiende de valentías. Su camión fue arrastrado por la corriente y Rubén desapareció en el horror de esa jornada interminable.

Su cuerpo apareció días después, en medio de la congoja de una ciudad que lloraba no solo una pérdida, sino la dimensión de un héroe que no llevaba capa, sino un volante entre las manos.

“Era un tipo común, de esos que laburan todo el día y saludan siempre con una sonrisa. Hasta que el destino le puso a dos nenas en el camino y él decidió que no las iba a dejar solas”, recordó entre lágrimas un vecino que participó del homenaje.

El cartel no es grande ni ostentoso, pero está puesto con firmeza. Porque Bahía Blanca sabe que, aunque el río vuelva a su cauce y las calles se sequen, hay deudas que solo se saldan con memoria. Los que pasen por ahí de ahora en más, leerán su nombre y tal vez no sepan todos los detalles. Pero bastará con que alguien cuente: “Ahí murió un hombre que dio la vida por otras personas”.

Desde las redes sociales hasta las esquinas del barrio, Rubén Zalazar ya era un héroe para muchos. Pero ahora tiene un lugar físico donde el viento puede silbar su nombre y donde los que lo aman pueden ir a decirle que no se olvidan. Que el agua se llevó muchas cosas aquel 7 de marzo, pero no pudo con el ejemplo de un tipo común que, en el peor momento, decidió ser extraordinario.


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Autor: Adminn25