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La Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) atraviesa horas de tensión institucional tras el episodio protagonizado por el secretario general Héctor Luis Vivas durante el acto de entrega del doctorado honoris causa a la antropóloga y teórica feminista Rita Segato.
El funcionario fue señalado por su conducta inapropiada durante la ceremonia —bostezos reiterados y respuestas fuera de lugar hacia la homenajeada—, lo que derivó en un pedido de renuncia por parte del rector, Anselmo Torres, y en una cadena de rechazos de trabajadoras universitarias que lo acusan de maltrato y abuso de autoridad.
El rector Torres había solicitado el viernes la renuncia de Vivas, la cual fue presentada y aceptada. Sin embargo, en las últimas horas resolvió mantener vigente su vínculo contractual para que la universidad pueda llevar adelante una investigación interna.
La decisión responde a un criterio administrativo: si Vivas fuera cesanteado o se desvinculara por completo, la indagación quedaría sin objeto jurídico dentro del ámbito universitario.
“He resuelto mantener vigente el contrato de Luis Vivas, aunque sin las funciones ni responsabilidades propias del cargo. Esta decisión tiene como único propósito posibilitar que se instrumente una investigación interna”, expresó Torres en un comunicado.
El rector sostuvo que el procedimiento se enmarcará “en el debido proceso, la presunción de inocencia y el respeto irrestricto de los derechos de todas las partes involucradas”, buscando garantizar transparencia y cuidado institucional.

La carta abierta: “¡Anselmo, es ahora!”
El caso tomó mayor repercusión tras la publicación de una carta abierta dirigida al rector, firmada por más de un centenar de mujeres de la comunidad universitaria —docentes, nodocentes, investigadoras, graduadas y estudiantes—, bajo el título “¡Anselmo, es ahora!”.
El texto reclama la “apertura inmediata de una investigación adecuada” sobre el accionar de Vivas, y denuncia la persistencia de “comportamientos patriarcales y misóginos naturalizados” dentro de la universidad.
“No se trata sólo de sacar a una persona sino de desmantelar una trama de impunidad simbólica y material”, afirman las firmantes, que además solicitan la activación del protocolo de género de la UNRN para garantizar que las víctimas puedan declarar sin sufrir represalias.
El episodio con Segato fue apenas el detonante visible de un malestar latente. Las expresiones posteriores expusieron un entramado de reclamos por violencia simbólica y desigualdad de trato en ámbitos académicos, que ahora la universidad se ve obligada a abordar con perspectiva de género y mecanismos institucionales formales.
Mientras el Área de Género evalúa los pasos a seguir, la UNRN busca preservar la continuidad administrativa del proceso y despejar toda sospecha de encubrimiento.
El resultado de la investigación marcará no solo el futuro laboral de Vivas, sino también el compromiso de la universidad con los principios de equidad, respeto y justicia que, como recordaron las firmantes de la carta, “deben ser pilares de una institución democrática y emancipadora”.
 

Autor: Addmin25